viernes, 28 de octubre de 2011

      Hoy me compré una goma de borrar nueva. Cuando la guardo en la cartuchera saco la vieja y la dejo arriba de la mesa. La miro, y pienso si tirarla o guardarla. Lo que me llevo a pensar cuántas cosas nunca se cuando tirarlas, como los jabones o la pasta de dientes. O mi goma de borrar.
Claramente son cosas que se deshechan cuando uno compra una unidad nueva, y uno compra una unidad nueva cuando la vieja se gasta, pero...Cuándo se gasta? Cuándo el jaboncito se nos parte en dos se puede decir que se gastó? Cuándo la goma se nos hace microscópica, inagarrable y borra de a una letra por vez? De la pasta de dientes ni hablar, no se gasta. Siempre se puede sacar un poquito mas sólo que uno se cansa de retorcer el pomo.

      Otra cosa que se acumulan son las bolsas de supermercado, las medias viejas con los elásticos estirados, frascos de café,  mermelada o lo que sea o las bandejas de telgopor. Miles. Si existiera un mercado negro de polipropileno me haría millonaria pero mientras tanto tengo una bolsa llena de bolsas que tienen más bolsas adentro, medio cajón con medias que no uso,  y frascos que núnca voy a usar porque no me dedico a hacer conservas caseras ni a germinar porotos con un algodón mojado.

      Todo esto pensé mientras miraba la goma de borrar, que dicho sea de paso, me guardé en una caja arriba de una pila de hojas arrancadas de cuaderno, folletos impresos de un sólo lado, boletas electorales y papeles random que tienen espacio en blanco y que algún día me pueden servir.

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