jueves, 6 de octubre de 2011

    No hay un día que no vaya al mercado y al momento de pagar la compra no transpire frío mientras la cajera pasa la tarjeta por el posnet.

    Y si un día se resulta que no me depositaron el sueldo? Y si calculé mal el saldo y no me va a alcanzar para pagar la compra? Y si se me magnetizó la tarjeta con los clips del pelo? Y si cerró mi banco y yo no me enteré?

    Pocas cosas son tan humillantes como la situación en que la cajera grita inescrupulosamente ANULACIOOOOOOOOOOOON evidenciando mi miseria ante todo el supermercado, mientras yo me pongo rojo fosforescente y pienso porqué no me cae un meteorito en la cabeza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario