No hay un día que no vaya al mercado y al momento de pagar la compra no transpire frío mientras la cajera pasa la tarjeta por el posnet.
Y si un día se resulta que no me depositaron el sueldo? Y si calculé mal el saldo y no me va a alcanzar para pagar la compra? Y si se me magnetizó la tarjeta con los clips del pelo? Y si cerró mi banco y yo no me enteré?
Pocas cosas son tan humillantes como la situación en que la cajera grita inescrupulosamente ANULACIOOOOOOOOOOOON evidenciando mi miseria ante todo el supermercado, mientras yo me pongo rojo fosforescente y pienso porqué no me cae un meteorito en la cabeza.
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